Ibercaja Gestión : El segundo mandato de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos está cerca de alcanzar la marca del año y medio.
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Si ya en el país norteamericano acostumbran a comenzar a evaluar a sus máximos mandatarios a partir de sus primeros 100 días, los casi dieciséis meses que acumula el magnate permiten no solo analizar decisiones concretas, sino cuál está siendo (o no) su impacto real.
En su anterior mandado, dio un uso agresivo del instrumento arancelario, generó tensiones comerciales (especialmente con China), aplicó rebajas fiscales y mostró una relación ambigua con los mercados. Esto ya mostró a Trump como un presidente que aprovechaba la volatilidad como herramienta, aunque quizá más para negociaciones, puesto que en última instancia tendía a modular sus decisiones cuando el impacto en los mercados o la economía era excesivo.
Es este, precisamente, el origen de un concepto que ha calado especialmente en la segunda etapa del magnate como presidente de EEUU: el término “TACO”, siglas de “Trump Always Chickens Out”. Esta expresión se ha popularizado, especialmente en el país norteamericano, para describir ese patrón que parece recurrente en su toma de decisiones: amenaza, reacción del mercado y posterior rectificación o suavización.
Pero ¿cuáles están siendo las consecuencias de este comportamiento en la economía y los mercados financieros globales?
Para analizarlo, desde Ibercaja Gestión han elaborado este paper que recoge algunas de las últimas políticas y decisiones de Donald Trump y las consecuencias que han tenido.
- Abril de 2025: Vuelven los aranceles
El “Día de la Liberación”, con la imposición de aranceles por parte de la Administración Trump, supuso un shock relevante para los mercados financieros y las perspectivas económicas globales. El arancel medio de las importaciones estadounidenses pasó rápidamente de niveles cercanos al 2% a superar el 20%, alimentando temores de recesión e inflación que dominaron el discurso del mercado en los primeros compases del periodo.
Sin embargo, la evolución posterior ha sido menos lineal de lo previsto. La introducción de pausas, extensiones y acuerdos parciales permitió una rápida adaptación de empresas y consumidores: adelantaron importaciones, reorganizaron cadenas de suministro y ajustaron inventarios. Como resultado, el impacto sobre el crecimiento global ha sido moderado y la actividad ha mostrado una resiliencia superior a la esperada, incluso con efectos positivos a corto plazo derivados de este adelantamiento.
En el plano inflacionario, los aranceles no provocaron un repunte abrupto. Su traslado a precios finales ha sido gradual, limitando el impacto inmediato, aunque ya empieza a reflejarse en bienes con mayor exposición a importaciones. El ajuste, además, no se ha producido solo vía precios, sino también mediante distorsiones en los flujos comerciales y un aumento de la incertidumbre que ha condicionado tanto la inversión como el comportamiento de los activos financieros.
De forma relevante, el dólar no actuó como mecanismo de compensación (como en episodios anteriores), sino que se depreció, amplificando parte del impacto económico de las medidas. En conjunto, los aranceles han configurado un entorno en el que el crecimiento se mantiene, pero sobre una base más frágil, con mayor incertidumbre y efectos que se han ido trasladando progresivamente al conjunto del sistema económico.
- De abril de 2025 en adelante: debate sobre la debilidad del dólar
La debilidad del dólar es otra de las principales anomalías del ciclo actual. Desde el inicio del segundo mandato de Trump, la divisa estadounidense se ha depreciado de forma significativa frente a sus principales cruces, rompiendo con su comportamiento alcista habitual en entornos de tensión comercial.
En un contexto de crecimiento global y menor demanda de activos refugio, el dólar ha perdido atractivo. A ello se suman el aumento del riesgo geopolítico y las dudas sobre la independencia de la política monetaria en EE. UU., lo que ha llevado a los inversores a exigir una mayor prima de riesgo para mantener exposición. El resultado es una tendencia de fondo que, pese a episodios puntuales de estabilización, sigue vigente, con el cruce euro/dólar en el entorno de 1,17.
Las implicaciones son claras: distorsiones en los flujos de capital, alteraciones en la asignación de activos y cambios en la competitividad relativa entre economías. En este contexto, el dólar deja de actuar como ancla de estabilidad y pasa a ser una fuente adicional de incertidumbre, amplificando un entorno ya tensionado por factores comerciales y geopolíticos.
- Enero de 2026: arranca el año con el foco en Venezuela
La operación ejecutada por Estados Unidos en enero de 2026, que culminó con la captura de Nicolás Maduro, supuso un movimiento de gran calado político, aunque con un impacto limitado en los mercados financieros. Tras meses de presión mediante sanciones, bloqueos a las exportaciones de petróleo y acusaciones de actividades ilícitas, la intervención se materializó en una acción militar quirúrgica que buscaba acelerar un cambio de escenario en el país. Más allá del componente político, el objetivo estratégico era claro: reforzar la influencia estadounidense en la región, reducir el peso de actores como China o Rusia y recuperar posiciones en un territorio con importantes recursos energéticos.
Sin embargo, la reacción de los mercados fue contenida. La superioridad militar de Estados Unidos y la baja probabilidad de una escalada hicieron que el episodio se percibiera como un evento aislado, con implicaciones limitadas más allá del ámbito energético. Venezuela, pese a contar con cerca del 20% de las reservas mundiales de petróleo, mantiene una producción reducida debido a la falta de inversión y al deterioro de sus infraestructuras, lo que limita su impacto inmediato en los precios del crudo. A medio plazo, una eventual estabilización política podría traducirse en un aumento significativo de la producción, pero en el corto plazo el mercado ha optado por tratar este episodio como ruido, en contraste con la relevancia geopolítica que realmente implica.
- Enero/febrero de 2026: Groenlandia (y Europa) en el punto de mira
Tras la intervención en Venezuela, la administración Trump redirigió rápidamente su atención hacia Europa, utilizando Groenlandia como detonante de una estrategia más amplia de presión sobre sus aliados. La amenaza de imponer aranceles escalonados a varios países europeos como medida de negociación para forzar un acuerdo sobre el control de la isla evidenció un patrón claro: el uso del comercio como herramienta geopolítica. Más allá del caso concreto, el movimiento puso de manifiesto una disposición creciente a tensionar las relaciones con la Unión Europea, incluso a costa de erosionar la coordinación tradicional entre bloques occidentales.
El impacto de estas dinámicas no se limita al ámbito diplomático. La posibilidad de represalias comerciales, junto con la incertidumbre generada por decisiones unilaterales, ha introducido volatilidad en los mercados europeos y ha afectado especialmente a los sectores más expuestos a Estados Unidos. A nivel macroeconómico, estas tensiones se suman a un contexto ya frágil, marcado por un crecimiento moderado y una elevada sensibilidad a factores externos como la energía. En este entorno, Europa no solo se enfrenta a presiones comerciales directas, sino también a efectos indirectos derivados de la política económica y geopolítica estadounidense, que refuerzan la idea de un escenario global más fragmentado y menos predecible.
- Desde finales de febrero de 2026: la guerra en Irán
El conflicto en Oriente Medio es otro de los elementos destacados frutos del mandato de Trump: una operación que iba a ser rápida, y que supera ya la barrera de los dos meses. Iniciado entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha salpicado y contagiado directamente a otros países, como Líbano, además de los efectos indirectos que ha tenido.
Este conflicto ha introducido un nuevo elemento de tensión estructural en los mercados: el riesgo energético. El repunte inicial del precio del crudo, que llegó a rozar los 120 dólares por barril, reflejó el temor a un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, una de las principales arterias del suministro global de petróleo. Sin embargo, pese a la intensidad del choque, el mercado sigue enviando un mensaje claro: espera que el conflicto sea limitado en el tiempo. La estructura en backwardation -en la que los precios actuales son elevados, pero los futuros son más bajos- sugiere que los inversores descuentan una normalización relativamente rápida del suministro, apoyada en la idea de que ninguna de las partes tiene incentivos para sostener una guerra prolongada.
En este contexto surge el acrónimo “NACHO” (Not A Chance Ormuz Opens), que apunta al escenario de mayor riesgo: un cierre sostenido del estrecho y un shock energético grave. Aunque se considera poco probable, sus implicaciones serían significativas, con una caída generalizada de la renta variable, tensiones inflacionarias y un endurecimiento de las condiciones financieras, especialmente en economías importadoras netas de energía, como Europa y Asia.
Por ahora, el comportamiento de los mercados refleja una dualidad evidente: mientras algunos activos descuentan este riesgo y registran correcciones, otros, como la renta variable estadounidense (especialmente, el S&P 500), mantienen niveles elevados, apoyados en la resiliencia económica y en la expectativa de una resolución contenida del conflicto. Esta divergencia pone de manifiesto que el principal debate no es la existencia del riesgo, sino su duración y profundidad.
Fuente: ETFWorld.es
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